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| Hermann Nitsch |
Por ello, abordar el problema de las relaciones disciplinarias en el arte, sugiere la obligación de indagar aspectos que se convierten en determinantes a la hora de establecer los lazos, en un espacio de interacción y de puesta en marcha de dispositivos abiertos, en los que las bases de cada sector implicado se reordenan en un espacio regido ya no por las leyes internas de cada disciplina, sino por un estado en el que la relación constituye y determina la base de la matriz generativa integradora.
Cada familia disciplinaria maniobra en función de pautas internas en las que juegan las trayectorias que van desde la ortodoxia reconocida, hasta los espacios ocupados por las acciones innovadoras, a menudo establecidas en el espacio límite de su propia disciplina.
Y las consecuencias de estas distancias, se pueden observar fácilmente en la relación particular que cada sector interno tiene con las fuerzas culturales manejadas desde y para lo institucional por un lado, y, lo comúnmente ubicado en el ámbito del “off” y la marginalidad, por el otro.
Esto nos lleva, sin duda, a plantearnos la necesidad de estudiar el conjunto de disposiciones implícitas, tanto como el entramado de tensiones (sistema de fuerzas que constituye la estructura del campo) y la autonomía de los campos, en este continuo movimiento de reconsideración crítica de los campos disciplinarios en el universo de las artes.
A partir de allí, se puede reconsiderar el conjunto de las artes actuales, desde sus espacios de comunicabilidad y de integración de sus esquemas a un espectro abierto, en el que la condición de espectacularidad se yergue en medio de una diversidad de prácticas dispares, conexas o inconexas; pero unidas por la relación interactiva de los espacios, y una práctica integradora de los límites al conjunto determinado por la red.
En torno de las nociones de multidisciplinariedad y de interdisciplinariedad, desde inicios de la década de los ochentas, se han acuñado, en el ámbito de los discursos artísticos, variadas interpretaciones y usos más o menos definidos, que no resultan siempre de una propuesta conceptual ordenada, sino de un espacio participativo en el que se entrecruzan, ocasionalmente, diversas disciplinas artísticas actuando a partir de dinámicas con algún grado de paralelismo.
Estas se traducen, a menudo, en la puesta en marcha de una praxis que resulta de la acumulación y del entrecruzamiento de discursos metodológicos y de técnicas polarizadas. Al mismo tiempo, la creación escénica interdisciplinaria induce hoy a una materialización de las formas virtuales.
El fenómeno de la incorporación masiva de artefactos tecnológicos en los procesos de producción artística, que a lo largo de la historia de las artes de la escena se había generado de manera gradual y sistemática, ha producido cambios mayores en la configuración de los discursos escénicos actuales. Hoy en día, la civilización de la intermedialidad de la que habla André Gaudreaul, propone cambios estructurales mayores en el modo de concebir el acto artístico y cultural.
En el espacio de las prácticas artísticas, la noción de multidisciplinariedad pone de relieve un acto basado en un mecanismo de apropiación de elementos disciplinarios cuya elección, tratamiento, traducción, adaptación y control se realiza según parámetros complejos de relación, y desde un medio que se autodefine y posiciona pragmáticamente como receptor y, por ello, dominante.
Esto significa, en parte, que los límites son impuestos y manejados según criterios que exigen del medio llamado de base, la acción de definir los conceptos de unificación, dando al conjunto producido una estructura que asegure y proteja la organización del discurso receptor, el que, en apariencia, se abre al abanico de discursos artísticos percibidos como periféricos.
En contrapartida, la noción de interdisciplinariedad parte del principio de identificación de aquellos elementos del discurso desde el cual se intenta el acto de recodificación. En trabajos anteriores, identificamos tres grupos básicos de elementos que pueden ordenarse según una escala de movilidad y de función, organizados de acuerdo con un orden de estabilidad, bajo la denominación de elementos estables, elementos inestables y elementos ausentes o bajo control.
En el primer grupo, se ordenan los elementos del discurso artístico que actúan como catalizadores. Son considerados estables, porque soportan los niveles propios de identificación, y actúan como catalizadores en la medida en que, favorecen la movilidad de los elementos inestables, al permanecer como referentes de la cultura mediática participante en el acto de reculturización medial.
Estos elementos estables o referenciales permanecen como indicadores, y permiten la integración de los elementos inestables que son los que tienden a modificarse en pos de la aparición de aquellos que definen, propiamente, el resultado interdisciplinario del acto creador.
Los elementos inestables son aquellos que serán necesariamente modificados, tratados, puestos en estado de hibridación al contacto con los elementos estables e inestables de los discursos participantes y que, en conjunto, serán percibidos como elementos catalizados. Ellos son los que definen el acto creador interdisciplinario, los que le dan un sentido, una identidad artística en la que se perciben elementos indicadores que son puestos a prueba por la recontextualización que tiene lugar en el seno del producto intermediático.
Los elementos ausentes o bajo control, son aquellos que, no adaptándose al contexto de transformación intermediático, tendrán que ser tratados como elementos necesariamente presentes, pero voluntariamente atenuados o neutralizados.
La interdisciplinariedad exige, al comienzo del proceso, un acto de autoevaluación y de automodificación. Esto conlleva la integración de grados de fragilización y de estados de desestabilización. Por ello, la importancia de definir el cuerpo de elementos que entran en juego, según categorías de movilidad.
El proceso, tanto como el producto, se mantienen en un estado permanente de aperturas, dentro de la puesta a punto de un sistema de recontextualización de los rasgos definitorios del discurso intermediático que, en conjunto, actuarán en un sentido y con una unidad comunicativa definida por la totalidad de sus partes, y no a partir de un grupo de rasgos dominantes provenientes de una cultura discursiva de soporte.
La transdisciplinariedad que propone el espacio intermediático, nos interpela en la necesidad de elaborar, en el contexto definido por las artes actuales, un espacio particular para la investigación artística y la creación cultural.
En otras palabras, se trata del establecimiento de las relaciones cruzadas a las que alude Gaudreault, cuando afirma que la intermedialidad aparece en un contexto científico en el que los estudios transdisciplinarios están al comienzo de los principales descubrimientos de los últimos veinte años.
Si las consecuencias industriales de estos entrecruzamientos disciplinarios registrados en las ciencias «duras» son los más mediatizados, en el sector de las ciencias humanas, se encuentran al comienzo de un enfoque holístico y plurifactorial de los fenómenos estudiados.
La transdisciplinariedad es lo que permite que se constituya un nuevo saber en la intersección de diferentes campos de investigación.
Podríamos continuar esta reflexión en torno de las disciplinas, sus límites, las prácticas transgresoras, los nuevos campos disciplinarios surgidos de esas prácticas transgresoras e interdisciplinarias, hasta llegar al punto en que se advierten los síntomas de una nueva generación de condiciones (para la aparición de una nueva génesis transdisciplinaria); y llegar, al cabo los hechos, al campo definido de una nueva disciplina que se independiza de sus orígenes, y se constituye en una nueva fuente de posibles relaciones disciplinarias.
Cuando intentamos cernir el acto artístico, como un todo realizable bajo circunstancias específicas, debemos abocarnos al difícil ejercicio de incorporar a nuestro itinerario, la necesidad de entender una práctica compleja que incluye el planteamiento y la solución parcial y evolutiva de problemas, al tiempo que maneja fórmulas estrictas, técnicas específicas, instrumentos, procesos de medidas comparativas y que, por sobre todo ello, exige un dominio que sólo se logra al cabo de un largo y exigente aprendizaje y de un continuo entrenamiento.
El arte se instala en la constelación del pensamiento que se construye sobre la base de inmensurables trayectorias, sometidas a un proceso de cambio en el que se reducen paulatinamente las opciones, hasta llegar a un equilibrio (precario) en el que reconocemos un cierto grado de belleza.
La creación artística interdisciplinaria busca favorecer la aparición de condiciones propicias para un trabajo intermediático. En él entran en relación interactiva los diferentes lenguajes de la acción artística, definidos por una espacialidad espectacular común.
La palabra poética, el cuerpo presencial o virtual, la imagen sonora, la construcción escenográfica, la imagen tecnovisual, los lenguajes musicales (lírico, sinfónico); las escrituras gestuales en el espacio, actuando en conjunto desde una matriz generadora de sentidos, suponen una integración de los lenguajes y una interpretación de trayectorias poéticas a partir de figuras sensoriales, producidas en el transcurso de una proposición conceptual que sepa reunir las condiciones para una acción que se aparte de los modelos tradicionales.
La acción artística, así emprendida, abandona su dependencia con la linealidad anecdótica y promueve un espacio capaz de suscitar el movimiento artístico a través de su corporeidad: los lenguajes emergen desde una idea integradora en acción. La idea artística actúa como fuente de sensaciones que se organizan a partir de la estimulación del movimiento, del sonido y de la imagen.
El conjunto de lenguajes, en su fase de experimentación intermediática, produce un nuevo sentido, una composición que se organiza en torno de un tema central y de variaciones y temas secundarios o periféricos.
La aproximación interdisciplinaria del arte es una manera de generar, en la acción conjunta y simultánea, una red de sentidos contenidos y originados en la acción poética. Se trata de iniciar el camino, desde el espacio conjunto de las diferentes disciplinas implicadas, en busca de imágenes generadoras, para hacer surgir, en un proceso continuo, las diferentes figuras emotivas, sensoriales y conceptuales que componen la fuerza inicial, permitiendo así la emergencia de las líneas de idea que constituirán la matriz de producción.
